
Al salir de la realidad por unos minutos me he encontrado en un barranco. Estaba verde y me daba seguridad de alguna manera. Puede ser que por lo que tenía detrás no vi el gran vacío que había. Me incliné un poco hacia delante y no me dio vértigo. Sentí que me llamaban, de abajo. Me llamaban desde abajo, querían que saltara. Y lo hice. Salté con todos mis ganas, pero hacia atrás. Di un paso atrás. Y me quedé mirando al mar, sin pensar en nada. Me levanté rápido y caminé hacia donde me llevó el viento. Caminé mucho, demasiado, mis pies no aguantaban más, pero mi corazón me decía que debía seguir. Subí una montaña, bajé otra y así hasta caer con una piedra. Caí y recuerdo haberme echo mucho daño en la cabeza. Me golpeé con algo, pero mi cuerpo no me dejaba moverme. Pensé que me iba a morir. Mis piernas no respondían, mi cabeza dolía a horrores y mi corazón estaba a punto de pararse. En ese momento fue cuando recodé todo lo que habíamos pasado juntos. Recordé cómo me habías amado. Y también recordé el dolor de haberte perdido.
Me dije: Tienes dos opciones: Vivir o morir. Elegí vivir. No tenía ninguna fuerza para levantar mi cuerpo, así que levanté mi mano y mi brazo y me toqué suavemente la cabeza. Miré mi mano. Y si, sangraba. Mi cabeza sangraba. Pero ya había tomado una decisión. Iba a vivir. Cerré los ojos e intenté no dormirme. Tenía muchas cosas en las que pensar. ¿Por qué no les hice caso a esas voces? ¿ A caso de verdad hay algo por lo que no me tirara en ese momento? ¿ Que hubiera pasado si me hubiera tirado? ¿ Debería seguir teniendo esperanzas en el amor? ¿ Que iba a ser el amor sin ti a partir de ahora?
No tenía ni idea. Entreabrí mis ojos, y sentí que algo a cuatro patas se acercaba a mi. Tenía mucho miedo. No podía moverme. Seguramente me despellejaría y me usaría como su comida. Es posible. Por lo menos serviría para algo. Apreté mis puños con fuerza y me dejé hacer. Estaba preparada para el dolor. No tenía miedo. De algún modo, si no era ahora me moriría mas tarde. Ese momento iba a llegar. Y ahora ya no estaba en mis manos si vivir o morir. Quería vivir. Lo quería con todas mis fuerzas. Esa criatura a la que yo me imaginaba feroz y sin piedad acercó su cara a la mía. Sentía su respiración. Sentía su miedo, sentía todo lo que ella sentía. Cerré mis ojos con fuerza.
La bestia se acercó hasta mi mejilla. Y hizo algo que nunca podré olvidar. Me besó. Me besó de la manera en la que un gato besa a otro. Abrí mis ojos de par en par, y vi que aquella criatura a la que yo creía despiadada era un gato. Un gato no, una gata. Creo haber visto que su piel estaba despellejada. Y vi que estaba en lo cierto al sentir su cuerpo contra mi brazo. El animal se acurrucó conmigo. Pude oírla ronronear. Y me sentí acogida y feliz. Tuve la necesidad de creer que debía proteger a ese animal. Pero lo haría por la mañana, estaba a punto de amanecer y quería tener la fuerza suficiente para estar con ella por la mañana. Así que puse suavemente mi brazo encima de su cuerpo y dormí. Ahora no podía morir. Ahora además tenía una vida por la que luchar, a parte de la mía.
Amaneció. Mi cabeza seguía doliendo a horrores. Miré a mi alrededor y vi a aquella gata. La vi aún junto a mi regazo. Supe en ese momento que ella era la adecuada para mí. No se como decir esto, pero me enamoré de aquel felino. Lo hice, con nada más ver su cara de haber sufrido mucho en el pasado y de haber seguido luchando, me enamoré. Sus ojos verdes me hicieron sonreír y ver que sí que hay cosas por las que vivir y por las que merecen la pena. Desgarré mi camiseta y la partí en dos. Una parte me la até fuertemente en la cabeza
y la otra se la puse en la pata al animal. La tenía realmente dañada.
Quería hacer algo por ella, debía hacerlo, al fin y al cabo, estaba enamorada de ella. La cogí en brazos e intentando no caerme, me puse en pie. La llevaba en brazos. Intenté caminar hacia donde hubiera luz. Intenté ver sus heridas, pero no me dejó. Ella sólo quería que la acariciara. Me lo decía con la cabeza. Me senté debajo de un árbol y la dejé tumbada entre mis piernas. Allí la cuidé tanto como pude. Mi alma se iba en ello. De verdad que quería que se sintiera bien, y de verdad quería hacerla muy feliz. Creo haberme dormido también debajo de aquel árbol con hojas verdes y frondoso. Me dormí y no soñé. Me extrañó, ya que siempre sueño. Dormida o despierta, pero sueño. Me pellizqué y me desperté de un salto.
Para mi sorpresa, no estaba cansada. No me dolía la cabeza. Y no estaba en algún sitio misterioso. Estaba en mi habitación. Con todas mis cosas. Con todos mis recuerdos, con todos tus recuerdos. El amor que sentí en ese sueño por ese animal me hizo ver que todavía puedo amar. Puedo sentir lo mismo. Puedo volver a ser yo misma. Puedo volver a vivir. Y eso sólo lo puedo elegir yo. Voy a vivir. Voy a vivir con una sonrisa de oreja a oreja. Voy a vivir. Porque aun queda esperanza. Aún queda vida dentro de mí. Mi llama no se a apagado del todo. Mi llama nunca se va a apagar. Es más, ahora está más fuerte que nunca.
ohhhhhhhhhhhhhh, me encanta, me encanta me encanta! lucía, es preciosa (L), es genial! no dejes de escribir por favooooor, por favor! es hermosa, y tiene cierto sentido poético :3
ResponderEliminarpero sobre todo, no te derrumbes! siempre podrás seguir adelante, porque siempre habrá muchísimas personas que te quieran por encima de todo. yo soy una de ellas, nunca lo olvides, por favor! nunca nunca lo olvides. cuenta conmigo siempre que quieras, para lo que quieras, tienes que saberlo. ^^
Lucia tremendo de bueno el relato!
ResponderEliminarfelicidades!
escribe!!!!
gracias, muchas gracias a las dos :)
ResponderEliminarpasa por qqml...
ResponderEliminarbesazoooo!
tienes unos 20 coment. mas......
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