Una oscura noche de el invierno más gélido hasta ahora, dos personas corrían a través del bosque. El chico tiraba fuertemente de Meru, que era más lenta. Las ramas de los árboles le daban en la cara dejándole profundas herdias y las piedras del camino ya habían roto algún que otro dedo. Seguían corriendo, huyendo del pasado y del futuro. Cruzaron por última vez el lago y tan pronto lo hubieron conseguido, la persona de delante, la tiró bruscamente al suelo. Ella se desplomó manchando su cara del sucio barro que estaba en la orilla, se levantó un poco y arrastró las piernas hacia un árbol huyendo de él. Su corazón estaba a punto de estallar, sus pulmones se ahogaban y sus manos estaban demasiado congeladas como para siquiera poder quitarse la cuerda del cuello que aún apretaba. Él, la miró fijamente e ignorando su miedo gritó:
-Si en la próxima noche de invierno un viajero logra encontrarte serás liberada. ¿No te das cuenta? Has causado mucho daño ya. No te mereces morir, nadie lo merece, pero ellos piensan que tampoco mereces vivir. Los seres y criaturas a los que has hecho daño te buscan ahora que pueden. Para matarte. Se que no tienes la culpa, que estabas siendo utilizada. Precisamente por eso, porque soy la única persona que lo sabe, te abandonaré aquí. De todos modos, no soportaría ver tu rostro ni un minuto más.-
Su rostro parecía no importarle aquellas palabras que salían de su boca. Sin embargo, su duro corazón se resquebrajó en ese instante. No podía mirar a Meru a la cara, tenía miedo de su expresión. Tambien tenía miedo de que el poder le hubiera gustado y le fuera a atacar. Simplemente, tenía miedo de ella. Otro más.
-Así, ya está. ¿Te rindes?
- ¡No!- Una bofetada cruzó el rostro de Meru y prosiguió:
-Por eso te dejo, porque no puedo protegerte, te entrego a tu suerte y a tu salvador.-
Se agachó sujetando la cara de Meru por la barbilla y le dijo bajito:
-Recuerda estás palabras: [ No vuelvas, no te arrepientas, olvida rápido y resucita ]
Antes de que ella pudiera soltar palabra, él soltó su cara y desapareció entre los espesos arbustos y ella vio su silueta despedirse.
Se levantó entre lágrimas y siguió corriendo hacia el bosque, en dirección contraria a él. Esperaba poder esconderse en la espesura de aquello y que no la encontraran jamás. Su nublada vista no la dejó ver la piedra del camino y tropezando, se chocó contra ella con su cabeza. Se giró a un lado buscando algo contra lo que poder descansar y llorar de nuevo, y para su suerte, encontró un viejo árbol, que pareció arroparle. Intentó pensar, pero lo único que podía hacer ahora era llorar hasta que sus lágrimas calentaran su cuerpo. Sólo le quedaba esperar. Su salvación, o la muerte.

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ResponderEliminarY vuelvo al principio... para animarte a seguir!
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