viernes, 2 de marzo de 2012

El poder de Meru IV


Ahora estaba allí, mirando al infinito, haciendo que le tiempo no pasara. Respirando el aire que la naturaleza le regalaba. Ese aire era suyo. Suyo. No elegía respirarlo, era un regalo, tampoco era como si lo rechazara, al fin y al cabo, era simple aire. Eso le hizo recordar que en la vida, nunca antes había tomado ninguna decisión por si misma. Siempre habían sido los que la protegían o aquel monstruo  que aun residía dentro de ella. Al que aun tenía miedo. Era el momento de tomar una importante decisión, que ésta vez no sólo le iba a perjudicar a ella. Ella iba a salir fuera a hacer algo contra los de ahí arriba. Ella era la persona capaz de hacerlo, aun recordaba cuando él se lo dijo. Era una tarde oscura, atardeció demasiado pronto. Encendieron unas tenues luces, que apenas iluminaban, justo lo suficiente para ver el brillo de los ojos el uno del otro. Embelesado, le decía: - Tu, mi querida Meru, tú, mi iluminación, algún día, algún día -hizo una pequeña pausa y bajó el tono de voz- conseguirás conquistar los corazones de todos los que te rodean, de todos los seres de este mundo. Tu nombre quedará marcado en la historia. Y lo mejor de todo es- Meru miró hacia sus pies, agarrándose fuerte el estómago, casi clavándose las uñas de la rabia, su frente se arrugó y sus dientes mordieron su labio inferior. Por un momento tuvo que recordar el dolor. Tuvo que hacerlo, no lo conseguiría si simplemente se lo guardaba en su interior, en ese momento, tenía que hacerlo. Aun recordaba su tierna mirada y si inigualable entrega hacia ella. La misma persona que la había salvado, la había abandonado. Esos recuerdos dolían, si, pero no cambiaban nada de lo que sentía ahora. Tenía las ideas claras y si no seguía adelante con sus propósitos, nunca llegaría a cumplir aquellas palabras. 

Ahora tenía dos cosas claras, tenía que salir a luchar, tenía que encontrar a gente que pensara como ella, y sobre todo, necesitaba liberarse de su misterioso pasado que aun residía en ella. Pero, antes de enfrentarse a ello, tenía que protegerse, su semidesnudo cuerpo ni aguantaría todo lo que se le venía en mente. 
De repente la vista se le nubló, tuvo un extraño sentimiento que le hizo marearse y dar un paso hacia atrás. Mientras a cada cosa que imaginaba, su mente olvidaba una antigua, y ese pequeño vuelvo le hizo recordar sobre sus poderes. Cierto! Pensó. Aun podía protegerse de una manera. 

Juntó sus manos una encima de otra, sin rozarse, dejando un pequeño espacio entre ellas. Empezó a tensar sus brazos a la vez que su tronco intentando llevar toda su energía hacia sus manos. En el espacio que había entre mano y mano, empezó a aparecer una pequeña energía, brillante. Que mas tarde se convirtió en una llamarada de fuego. Fuego. Movió sus manos un poco, intentado depositar la llamarada en una sola mano, y tras haberlo conseguido, empezó a acariciar sus extremidades, pasando por encima dicha llama. Sus heridas, ya estaban curadas, por lo que no tenía ningún miedo a quemarse, ya que nuevas no iban a aparecer. Empezó por su brazo izquierdo, desde la muñeca hasta el hombro, de donde apareció una armadura fuerte, de unos colores rojizos y brillantes, con tonos azules en los bordes, continuó por la espalda, formando un gran chaleco de los mismos tonos, solo que más rígidos y resistentes,Siguió por el brazo izquierdo, haciendo el mismo recorrido que con el otro. Cubrió sus pechos con una bonito top del mismo material que las demás piezas, y ésta vez decorándolo con plumas de color blanco. Siguió bajando, dejando al descubierto su abdomen, pero cubriendo sus caderas y la parte más alta de sus muslos, con una falda que no le llegaba a la rodilla, de colores metalizados y rojizos. Añadió más alas blancas en forma de cinturón. En sus pies, colocó unas sandalias de material resistente, atadas a sus piernas con cordones de un material imposible de rompes, y de color rojo. Finalmente, dirigió la llama que aun brotaba de su mano y dibujó en el aire el contorno de un arma alargada, que terminaba con un círculo semicerrado. Y dentro de él, una esfera transparente. Cogió su arma, y dirigió la llama, hacia su pecho, cerrándola en su corazón. Sintió un acogedor calor que le recorrió todo el cuerpo. Nunca más iba a tener frío, no mientras tuviera razones para estar en caliente. Cogió aire y lo expulsó por la boca dirigiendo su soplido hacia la esfera de su arma, haciendo que esta se encendiera, que brillara. Tenía claro cuales eran sus tareas y ahora más que nunca estaba preparada para partir. Así que se encogió hacia atrás, haciendo amago de agacharse y salió disparada hacia el cielo.

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