sábado, 22 de octubre de 2011

Here I go

¿Donde? ¿Como? ¿Cuando? Estaba perdida. Era una pequeña hormiga en aquel lugar. Miraba hacia arriba y se veía pequeña, miraba hacia abajo, estaba perdida, miraba hacia delante, estaba nítido. Tenía esquematizado en un papel lo que quería hacer, los sitios que quería visitar, y por el momento, iba todo bien. Caminaba por las inmensas calles de aquella avenida, cuyos nombres no podía leer. Una sirena pasó muy cerca de ella, sus oídos se taponaron. Sus ojos se entrecerraron, miró a izquierda y derecha, y cuando pensó que ya estaba en pie de nuevo, una persona se chocó contra su hombro izquierdo. Su maleta y sus papeles se cayeron por el suelo. La persona con la que se había chocado, pensó ella: - Lo siento!  Que torpe soy... al fin y al cabo no sirvo para nada!- Pensó eso, con la esperanza de estar equivocada y que la persona se girara, y le ayudara a recoger, igual hasta podrían conocerse mejor, e ir juntos a seguir con su viaje. Que bonito es soñar. Pues, esa persona, siguió su camino, no paró, no se inmutó, le era indiferente. Que tontería, pensó ella, mientras recogía. Se levantó de nuevo con una sonrisa forzada, se colocó bien la maleta, y siguió su camino. Tuvo una especie de espasmo que le obligó a mirar rápidamente hacia atrás con la cabeza. Una sombra negra se escondió en la multitud, hasta llegar a un callejón y desaparecer. De nuevo, se encogió de hombros y siguió caminando. Miró sus hojas, y para sus sorpresa, estaban en blanco. No estaban, sus notas no estaban. Simplemente se evaporaron, la tinta, los tachones, esfumados. Miró de nuevo, increíble. Apartó un segundo la mirada de aquel trozo de papel y miró hacia la derecha, con aires pensativos. ¿Acaso lo necesito? 
Hizo una bola y la tiró hacia atrás.  Siguió. No sabía a donde. Eso le encantaba. Era, sin duda, un poco más feliz. 
Pero como todo, la acera se acabó, la calle se acabó, sus opciones se acabaron. Delante suya tenía un puerto. Megaconstrucción, ¿Como no? De todos modos, corría el viento. Hizo levantar su pelo y subir su camiseta. Se sintió genial. Era como si el viento le acariciara, como si le cuidara. Estaba la rededor de millones de personas, y se sintió única. Irónico. -******- Una voz susurró su nombre. Volvió a girarse, esta vez, más asustada, pues la escuchó al lado del oído. Pero no había nadie que le prestara atención. Sólo ella y sus alucinaciones, pensó en voz alta. Inspiró fuertemente y giró de nuevo la cabeza, hacia la izquierda. Cuyo cuerpo, siguió haciendo un bonito movimiento, casi coreográfico. Caminó más y más en una dirección desconocida. Ésta vez, se dejó llevar por su olfato. Era un olor dulce y salado a la vez, olía bien, a verdura. Vegetales, verde, un escalofrío le recorrió la espalda. Llegó hasta un pequeño mercado donde una ola de calor le abrazó. Le envolvió de una manera sobrenatural. No sabía como sentirse, debería de estar acogida, por la temperatura, pero se sentía extraña. Era una sensación de novedad, miedo, curiosidad, y hambre, sobre todo hambre. Quería probarlo todo, colores rojizos, amarillos, especias, pescado, o eso parecía. Nuevas culturas, nuevas costumbre, excelente, lo que ella quería. Al darse cuenta de que no era nada que le debiera asustar, sonrió de nuevo, e intentó acercarse a uno de los puestos. Todo tenía una pinta muy apetitosa, pero en especial, le llamó la atención una especie de mora roja. Era un color majestuoso, precioso, y como una polilla atraída por la luz, preguntó: -How much? 
Al unísono, una persona preguntó lo mismo. Ella giró la cabeza lentamente, y la otra persona también. Se miraron a los ojos, y sus mejillas se sonrojaron a la vez. ¿Hablará mi idioma? Desde luego que lo hacía, pero no el que se pronuncia. Ambos dieron un paso atrás y ella caminó hacia otro puesto. La otra persona, era un chico. Un chico de apariencia diferente y hermosa. Sus ojos y sus pestañas formaban un agujero negro, que todo lo arrastraba. Cualquier deseo, podría cumplirse con solo mirar a esos preciosas canicas. Estaban encajadas perfectamente dentro de su hermosa cara, que tampoco tenía palabra que la describiera, sus sonrisa. Le pudo, al verle sonreír, sus ojos se llenaron de lagrimas. -Que tonta- pensó. Al llegar al siguiente puesto, se dio cuenta, de que él, le había seguido. Estaba justo al lado suya, intentando disimular. Entonces, ella le miró y le preguntó con la mirada: -¿Salimos de aquí?- Él, sonrió a media sonrisa y sus ojos obtuvieron una expresión preciosa, de relajación y de entrega increíble. Llegaron a un pequeño mirador, desde donde se divisaba el mar. Ésta vez, sin puerto. Ella se colocó en la barandilla, esperando a que él apuesto chico, se pusiera junto a ella. Pero al darse la vuelta, él ya no estaba. 

3 comentarios:

  1. te digo lo mismo: escribe escribe escribe !!!
    es icreíble y espero impaciente la tercera parte ^^
    (porque no tiene nombre? o.0)

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  2. muchas gracias :))
    la tercera parte vendrá, cuando, no lo se, pero llegará jajaja
    no, ninguno tiene nombre. Me gusta más asi :)

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  3. Mil matices, de colores, emociones, misterio,asombro...!
    no dejes nunca tu viaje por las letras, escritora!
    -me gusta mucho!-
    besazos!

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