Miró sus piernas y se sacudió las manos Miró de nuevo al frente y hacia arriba. El paisaje, por primera vez, le parecía bonito. Árboles con apariencia húmeda, aire fresco. El rocío de la mañana hizo brillar las hojas de su alrededor. A los pies de los árboles y arbustos más grandes había pequeñas setitas de colores fríos y brillantes Intentó ver algún camino, pero no había ninguno. Perfecto. A partir de ahora, ella elegiría por donde ir y por donde crear su camino y esperaba lograr llegar a lo más alto. ¿Lo más alto? Una montaña, supuso. Desde ahi abajo solo veía árboles frondosos. Subió una rodilla haciendo un amago de levantarse, pero sus piernas aun estaban débiles y tuvo que permanecer en esa posición un poco más. Apoyó la mano derecha en el tronco del árbol y subió su cuerpo separando la otra rodilla del suelo. ¡Oh Dios! Estaba en pie. Se había levantado. Se quitó su áspero pelo de la cara y miró para abajo. Sus pies, estaban sobre el suelo. Unas pequeñas lágrimas salieron de sus ojos y una inocente sonrisa se dibujó en su rostro. Empezó a caminar poco a poco. Cada paso que daba, su sonrisa iba creciendo más y más. No llegaba a reírse a carcajadas, porque no le parecía gracioso, era felicidad. Una vez levantada, empezó a caminar por la espesura de aquel bosque. Se paraba a cada rato buscando setas de colores fluorescentes. Encontró algunas muy apetitosas y probó alguna que otra Masticaba muy despacito y tragaba con mucho cuidado. Acabó comiéndose la decena de setas que tenía en sus manos. Y antes de seguir recogiendo más, intentó hacer un gran esfuerzo para elevarse un poco más. Estaba claro que aun era pronto, pero ahora ya tenía algo de energías. Miró hacia el cielo y apretó sus puños e intentó impulsarse lo más fuerte que pudo desde el suelo. Agachó sus rodillas y saltó. Salió disparada hacia el cielo moviendo todas las hojas de su alrededor. Subía y subía. No se preocupaba de bajar. Hacía mucho tiempo que no volaba así. Sin ser perseguida. Simplemente estaba levitando como ella quería. Nadie la podía ver. No quedaba nadie por esa zona capaz de hacer nada contra ella. Daba vueltas sobre si misma. jugando con las corrientes de aire. El bosque se veía precioso desde allí arriba y el sol le daba en la espalda y sus desnudas piernas. Había un gran risco que daba al bosque, lo más parecido a una montaña que había por allí. Si impulsó hacia allí y aterrizó en el filo, de cara al vacío. Había bastante viento. Abrió sus brazos de par en par y respiró hondo, sonriendo de nuevo. Esa sensación podría haber sido la primera que la hizo sentir viva en toda su existencia. jueves, 5 de enero de 2012
El poder de Meru III
Miró sus piernas y se sacudió las manos Miró de nuevo al frente y hacia arriba. El paisaje, por primera vez, le parecía bonito. Árboles con apariencia húmeda, aire fresco. El rocío de la mañana hizo brillar las hojas de su alrededor. A los pies de los árboles y arbustos más grandes había pequeñas setitas de colores fríos y brillantes Intentó ver algún camino, pero no había ninguno. Perfecto. A partir de ahora, ella elegiría por donde ir y por donde crear su camino y esperaba lograr llegar a lo más alto. ¿Lo más alto? Una montaña, supuso. Desde ahi abajo solo veía árboles frondosos. Subió una rodilla haciendo un amago de levantarse, pero sus piernas aun estaban débiles y tuvo que permanecer en esa posición un poco más. Apoyó la mano derecha en el tronco del árbol y subió su cuerpo separando la otra rodilla del suelo. ¡Oh Dios! Estaba en pie. Se había levantado. Se quitó su áspero pelo de la cara y miró para abajo. Sus pies, estaban sobre el suelo. Unas pequeñas lágrimas salieron de sus ojos y una inocente sonrisa se dibujó en su rostro. Empezó a caminar poco a poco. Cada paso que daba, su sonrisa iba creciendo más y más. No llegaba a reírse a carcajadas, porque no le parecía gracioso, era felicidad. Una vez levantada, empezó a caminar por la espesura de aquel bosque. Se paraba a cada rato buscando setas de colores fluorescentes. Encontró algunas muy apetitosas y probó alguna que otra Masticaba muy despacito y tragaba con mucho cuidado. Acabó comiéndose la decena de setas que tenía en sus manos. Y antes de seguir recogiendo más, intentó hacer un gran esfuerzo para elevarse un poco más. Estaba claro que aun era pronto, pero ahora ya tenía algo de energías. Miró hacia el cielo y apretó sus puños e intentó impulsarse lo más fuerte que pudo desde el suelo. Agachó sus rodillas y saltó. Salió disparada hacia el cielo moviendo todas las hojas de su alrededor. Subía y subía. No se preocupaba de bajar. Hacía mucho tiempo que no volaba así. Sin ser perseguida. Simplemente estaba levitando como ella quería. Nadie la podía ver. No quedaba nadie por esa zona capaz de hacer nada contra ella. Daba vueltas sobre si misma. jugando con las corrientes de aire. El bosque se veía precioso desde allí arriba y el sol le daba en la espalda y sus desnudas piernas. Había un gran risco que daba al bosque, lo más parecido a una montaña que había por allí. Si impulsó hacia allí y aterrizó en el filo, de cara al vacío. Había bastante viento. Abrió sus brazos de par en par y respiró hondo, sonriendo de nuevo. Esa sensación podría haber sido la primera que la hizo sentir viva en toda su existencia.
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:3
ResponderEliminarbien!!!!
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