Su cabeza se puso en blanco, su piel se gallina, sus ojos llorosos, sin poder contenerlo. No estaba mirando, pero lo veía todo. Tenía los oídos tapados pero lo pudo escuchar todo. Ya que lo que estaba allí delante, esta dentro de ella. En su corazón y en sus recuerdos. Delante de ella estaba aquel sitio. Aquel sitio rutinario, donde ella nunca antes habría deseado empezar su día, su rutina. En la parada de la estación. Estaba sentada. Raramente se sentaba. tenía las piernas rodeadas con sus brazos y la cabeza apoyada en sus manos. Miró fijamente al otro lado de las vías del tren y vio la pancarta de siempre, las personas de siempre y el tiempo helado de siempre. Pero todo era diferente. Algo le faltaba. Estaba incompleta. Gracias a esas palabras, una figura apareció ante sus ojos.
No tenía ningún contenido, era una silueta con colores fríos y oscuros. Estaba de espaldas y también esperaba el tren. Aquella figura miraba mucho hacia abajo, movía sus piernas de frío. Todo en el mismo sitio, no se movía. Abrazaba una libreta de color negro con pegatinas rojas y blancas, en ella estaba parte de su futuro y parte de su alma. Lo sabía y protegía aquel objeto con mucha fuerza. Apoyó su cabeza sobre ella,agachó la cabeza y su mirada se perdió en el infinito mundo de su imaginación. Entonces la chia pudo distinguir otra silueta que se acercaba desde detrás con un aura cambiante. Según se acercaba a la otra silueta iba cambiando de turquesa a verde, de verde manzana a verde lima, de verde lima a amarillo y finalmente de amarillo a rojo. Un rojo tan intenso como el de una rosa recién cortada, una manzana recién cogida, unos labios recién besados. La segunda silueta, pudo reconocer que era masculina. Sus anchos hombros le dejaron en evidencia. Estaba justo detrás de la primera silueta, colgaba una mochila de su espalda pero pareció no importarle. Sacó sus manos de los bolsillos y le tapó los ojos. Su aura se volvió mas oscura e incolora. Y la primera silueta se giró rápidamente y sonrió tan brillante como el sol. Su aura parecía deslumbrar a aquella chica. Tuvo que cerrar sus ojos un poco, para poder seguir con su ilusión. La silueta masculina también sonrió. Se miraron durante un tiempo, nunca era el suficiente. Sus ojos se decían cosas al oído. "Buenos Días" "Gracias por ser tu" "Como he podido tener tanta suerte" "No cambies" "Te adoro" "Te quiero" " Te amo" entre tantas palabras bonitas los labios se sintieron apartados e intentaron estar lo mas cerca posible. La primera silueta, aparentemente femenina, rodeó la cabeza del chico que tenía en frente y él le correspondió con las manos en su cintura. Ella elevó sus pies y él se agachó. Sus labios se acercaban el uno al otro, el tiempo que trascurría desde que cerraban los ojos hasta que sus labios se conectaban parecía eterno, parecía no llegar nunca. Pero cuando lo hicieron. Sus auras se unieron, y formaron un precioso color blanco. Radiante, brillante, deslumbrante, más claro que el amarillo, más profundo que el azul, mas majestuoso que cualquiera de los escarlata. Blanco radiante. Al separar sus labios, juntaron sus manos y el blanco se fue desvaneciendo, sólo en fuerza, seguía con su mismo tono deslumbrante. Ellos dos, seguían unidos. Ella se apoyó en su pecho y él le rodeó con los brazos. Poco a poco fueron perdiendo su forma. Se volvían etéreos, efímeros y cristalinos. Se desvanecieron por completo cuando ella escuchó el sonido del tren aproximándose.
Un nudo en su garganta no le dejó pensar con claridad. No pudo contenerlo y dejó que aquel nudo confundiera a sus ojos. Éstos se volvieron llorosos y soltaron un poco de agua salada. Ella no podía contenerlo, no podía moverse. Su tren se iba a ir. Levantó la empapada mirada y vio pasar un gato lleno de heridas y magulladuras. Una cicatriz en su oreja le recordó a alguien. Entonces recordó lo que se había prometido aquel día, cuando encontró a aquel felino en el acantilado. Seguiré adelante, pase lo que pase, debo seguir. Entonces ella se levantó de golpe y fue corriendo hacia la puerta del tren. Antes de pagar su viaje, tuvo un pequeño infarto y sus ojos, aun llorosos, se abrieron de golpe. Pidió al señor a su lado, que sujetara la puerta. Dejó su mochila en el suelo, salió corriendo y buscó al gato, estaba en una esquina buscando agua. Le recogió y el gato no se dio cuenta de lo que estaba pasando hasta que estuvieron los dos en el asiento del tren. Ella le acariciaba y el gato ronroneaba. No se volverían a separar. Juntos, tenían fuerza suficiente.

... no me pierdo! no! ni una de tus letras!
ResponderEliminary me encanta el blanco!
:) gracias
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